Llueve ¿Donde?

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En Latinoamérica

Llueve y aquí cuando llueve, llueve mucho. Tal y como si fuera un rebuscado trabalenguas. Y cuando esto pasa, la cortina de lluvia puede cogerte en cualquier lugar, como por ejemplo hoy, comprando fruta. Me he atrevido a escoger yo la papaya para desayunar mañana – Charlotte se ha ido justo hace un rato y alguien tenía que escogerla.

La echaremos de menos???

No es sólo por este hecho cuotidiano, pero en el ambiente hay un aire estraño que dice que la echaremos de menos. Y llueve, y esto hace que las despedidas sean como más evidentes. El agua cayendo me recuerda a las lágrimas y la ausencia de sol, a la tristeza.

Llueve y todos nos hemos ido confesando, explicando eso que nos ha movido a estar aquí o quien querríamos que compartiera esta experiencia con nosotros. Deseos, confesiones y largas conversaciones que llenan estas tardes de lluvia en las que a veces, no se puede hacer nada más que compartir.

Al final, lo que da la lluvia es esta dulce sensación de intimidad que permite entendernos hablando con el corazón.

Una experiencia que deja huella

En la frutería nos hemos parado un rato, yo orgullosa de mi compra y con ganas de seguir confesándonos. Ganas de entender las otras historias y algunas hasta hacerlas mías y que me toquen de verdad y me remuevan.

A veces, no me gustaría, pero las historias de los otros hacen que alguna espinita en mi interior se ponga en funcionamiento y más si llueve y estás lejos de todo.

¿Cuando ha pasado?

Cuando he empezado a pensar qué pasará conmigo una vez me haya ido y he sentido la sensación de vacío, tristeza o miedo, he empezado a andar bajo la lluvia.

Con decisión, pero sin prisa

Ellas me han seguido charlando y explicándose la vida. Yo he callado y escuchado caer el agua. Al rato he levantado la cabeza, como si quisiera mirar la lluvia y he respirado.

El olor a tierra húmeda es una de esas sensaciones que me hacen sentir bien. Cerrar los ojos y ser feliz. Y cuando por fin, he encontrado el momento que he sonreído, me he girado con cara de pícara y poniendo el pie en un charco, las he mojado.

Nos hemos reído porque ya no venía de un poco más de agua. El rato de camino nos había mojado tanto que jugar un poco como niñas pequeñas con botas de agua, nos hacia sentir vivas y felices. Y sobre todo, disfrutar de las dos caras de la lluvia y decidir, que ya que habíamos llegados hasta aquí, sólo nos quedaba seguir jugando con una sonrisa.

Estas son algunas de las sensaciones que te deja un día de lluvia en un voluntariado Internacional. Sin dejar de mencionar la compañía de personal que se quedan hay dentro para siempre.

Nadie encuentra su camino, sin haberse perdido varias veces

¿Que esperas para perderte?

Contactanos a través de nuestra página web o al correo info@adventurevolunteer.org

Te facilitaremos toda la información que necesitas para tu aventura de voluntariado.

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