Último día de voluntariado

ultimo día de voluntariado

ANA Y ARI, NUESTRA AVENTURA

Era una de las cosas que tenía que hacer en mi vida. En mi nueva vida y en mi pequeño camino que desde aquí no sé dónde voy a parar.

“Acciones pequeñas que cambian el mundo”

Hace un tiempo hice una lista (muy humilde) porque tenía la necesidad de dejar el mundo un poco mejor de lo que estaba viviendo. Empecé a reciclar y sobre todo, a no utilizar plástico.

Soy maestra y en el colegio fuimos a ver un centro de recuperación de animales marinos. Me horrorice al ver la crueldad del ser humano y decidí que cuando sea madre, debo poder decir que he hecho algo para cambiar el Mundo.  Más que nada, intentar dejar un planeta mucho mejor de lo que me he encontrado.

Hablé con mis amigas y empezamos a hacer acciones pequeñas en nuestro día a día y dejar de usar el plástico, empezó a ser nuestra prioridad. Pero en mi lista, seguía estando el voluntariado. Así que, un día cualquiera hablando con Ari entre cerveza y cerveza, le solté que no sabía qué hacer en vacaciones, pero quería hacer un voluntariado. Y ella, que es mucho más organizada que yo, empezó a buscar y así, sin más, fue cómo empezó esta experiencia.

Sensaciones

Durante los días que ha durado esta aventura, me ha dado mucho tiempo para reflexionar. Es una de las primeras sensaciones que me llevo: pensar, sentir y fluir.

En mi día a día en Barcelona no tengo el tiempo como para sentarme en una hamaca y simplemente, reflexionar.  Aunque el trabajo en la escuela, las excursiones por la zona y los ratos en la casa de voluntarios ocupan la mayor parte del día a día. Siempre se encuentra un poco de tiempo para uno mismo. Y yo he pensado, me he relajado y me he tomado mi tiempo. Voy a echar de menos ese valorado tiempo y de aquí, una de mis primeras conclusiones:

  • Quiero tener tiempo y dejar pasar las horas. El tiempo te permite vivir como quieres.
  • Quiero vivir como me apetezca.

Me encantó el hecho de ver que todo lo que hacía era como muy fácil, como si siempre lo hubiera hecho. Normalmente sé cuando me voy a llevar bien con alguien, una especie de amistad a primera vista. Nunca me había pasado con los sitios, pero en Chame era así.

Entré en la casa, llena de mensajes y Ari me dije:

Anna, este sitio es muy tú. – Y era verdad.

He encontrado algunos lugares en el Mundo que he podido reconocer como míos. Chame y su pequeña casita con porche y mensajes, fue uno de ellos.

El final de mi experiencia de voluntariado

Cuando al final de la experiencia, me pidieron que definiera lo que había vivido en una sola palabra, sólo pude decir compartir. No había ni un solo día que no nos sentáramos todos alrededor de la mesa y nos contábamos cómo había ido el día en la escuela y así, sin más, empezamos a llamarnos familia, porque sí, porque durante 15 días han sido mi familia. Esto es un hecho que cuesta mucho de cambiar.

Mira la experiencia completa de voluntariado de Anna y Ari

He viajado mucho y de cada viaje me he llevado más de un amigo. Lo que ha hecho el voluntariado ha sido que me lleve un punto más, un hogar. Mi gente, con nuestros defectos y con nuestras virtudes, nuestras mochilas y los motivos de estar allí.

¡Hemos hablado tanto!

Me llevo sus historias y esos momentos compartidos porque al final, este no ha sido un viaje, sino, una convivencia. Y se sabe, la convivencia no es fácil y hay que tener paciencia. Hemos discutido, hemos tenido que tragar con hechos de los demás que no eran normales para cada uno de nosotros, pero de verdad, cuando nos sentábamos en la mesa o charlabamos con una cerveza me parecía todo perfecto.

Al poco de los días, empezaron a llamarme la mamá del grupo. A mi, ami que había hecho esto para dejar el mundo un poco mejor para mis futuros hijos.  A mi que muchas veces no sé ni cuidarme yo sola, ni qué rumbo tomará mi vida, pero que cuando me llamaban mamá, encontraba esa parte de mi que será.

Y les he cuidado y he dado consejos y he puesto crema para las picaduras y me he enfadado si algo no me ha parecido bien. Y sobre todo, les he dicho que les quería mucho más que en Barcelona y sin más, he dejado que me cogieran de la mano simplemente por el hecho de estar juntos.

Las alegrías en un voluntariado

Hemos bailado, nos hemos abrazado y hemos creado unos vínculos sinceros entre nosotros porque hemos sido cada uno en nuestra esencia y así, nos hemos compenetrado. Aprendi a decir las cosas, a ser yo misma y en confiar en las relaciones que haces con los demás. Si con una mirada te entiendes, si te agarran de la mano o no paran de decirte tus virtudes, es porque las hay y porque realmente existe algo bonito entre esas personas.

Voy a intentar ser más dulce, a decir las cosas bonitas que siento y aceptar con orgullo que me las digan.

Así que aunque yo vine con una amiga, me llevo muchas relaciones y mucho cariño. Lloro porque se acaba y les digo que les quiero y que les voy a echar de menos, lo digo de verdad.

Gracias chic@s, os quiero.❤️

Con lo que me quedo

Me quedo con todo lo bueno, pero sobre todo, con la sencillez de las cosas. Yo que soy impetuosa y como un huracán arrollador, he vivido mi aventura en Chame desde este punto, la sencillez. La cama, el baño o la escuela no me han brindado esas comodidades que me gustan, pero me siento orgullosa del dar sin esperar nada a cambio. Cargué mi maleta de lápices, rotuladores, bolis y todo de material escolar y lo dejé encima de la cama y confié que la coordinación lo diera a quien realmente no necesitará.

A mi que me gusta dar regalos, sorpresas y ver la cara de la gente, no he tenido en ningún momento esa necesidad. No he querido ser Mamá Noël o una reina maga que vienen una noche cargada de regalos y desaparece.

Sabía que el voluntariado duraría sólo 15 días y este ha sido mi tiempo para sentarme con los chicos, jugar con ellos, pelearme porque no querían hacer divisiones o porque querían hacer las cosas a su manera.

Me quedo con esos chiquillos llorando que aparecieron a último momento para decirme adiós. Esos que me decían que estarían durmiendo y que me dijeron adiós más de una vez, pero que al final, no pudieron resistir darme un último abrazo.

Es verdad, no habrán tenido nada material, pero nos conocimos y nos queremos, y eso, es mucho más importante. Y sobre todo, me quedo con ese chiquillo que está aprendiendo a leer y que cuando va a escribir la letra “A”, me dice

La “A” de Anna.

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